A finales de los años 80, en una consulta pediátrica de Boston, ocurrió algo aparentemente insignificante.
Los médicos y enfermeras del entonces Boston City Hospital llevaban libros infantiles usados a una sala de espera bastante poco acogedora. Querían hacerla algo más amable para los niños.
Pero los libros desaparecían.
Los niños se los llevaban a casa.
En lugar de verlo como un problema, el pediatra Barry Zuckerman y su equipo se hicieron una pregunta: ¿y si precisamente ahí había una oportunidad?
Muchas de las familias que atendían vivían en contextos de bajos ingresos y no siempre tenían libros infantiles en casa. Los niños, sin embargo, acudían regularmente al pediatra durante sus primeros años de vida.
¿Por qué no aprovechar esas visitas para acercar también los libros a las familias?
De aquella observación nació en 1989, de la mano de Zuckerman, Robert Needlman y otros profesionales de la salud y la educación infantil, Reach Out and Read.
La idea era sencilla: incorporar los libros y la lectura compartida a la atención pediátrica habitual.
Pero había una diferencia importante.
El médico no entregaba simplemente un libro.
Lo utilizaba durante la propia consulta.
Un libro dentro de la consulta
El modelo fue evolucionando, pero su esencia continúa siendo reconocible más de tres décadas después.
Durante las revisiones pediátricas, el profesional entrega al niño un libro adecuado a su edad y a su contexto cultural. Observa cómo reacciona ante él, cómo lo manipula, qué señala o comenta y cómo interactúa con sus padres alrededor de sus páginas.
Ese momento sirve también para hablar con la familia sobre la lectura compartida y sobre cómo incorporar libros e historias a las rutinas cotidianas.
El niño se lleva después el libro a casa.
Por tanto, Reach Out and Read no consiste simplemente en regalar libros. Combina el acceso al libro con la conversación, el acompañamiento del profesional y la interacción entre el niño y sus cuidadores.
Hoy la dimensión de aquel experimento resulta difícil de imaginar.
Según los datos de Reach Out and Read correspondientes a 2025, el programa llega a 4,8 millones de niños cada año en Estados Unidos. Participan alrededor de 41.000 profesionales clínicos y, solo durante ese año, se distribuyeron 9 millones de libros a lo largo de 11,2 millones de revisiones pediátricas.
Pero lo verdaderamente interesante no es cuánto ha crecido.
Es lo que hemos aprendido durante el camino.
¿Puede realmente un pediatra influir en cuánto lee una familia?
La pregunta empezó a estudiarse científicamente muy pronto.
En el año 2000, un ensayo controlado con 205 familias de bajos ingresos comparó familias que recibían libros infantiles y orientación sobre lectura durante las revisiones pediátricas con familias que recibían la atención habitual.
Los resultados mostraron un cambio en las actitudes y comportamientos relacionados con la lectura: las familias de la intervención leían con sus hijos con mayor frecuencia. Entre los niños de mayor edad estudiados también se observaron mejores resultados de vocabulario, y el análisis apuntaba a que ese efecto estaba relacionado precisamente con el aumento de la lectura compartida.
Un año después, otro estudio examinó a 122 niños de entre 2 y 5 años atendidos en dos clínicas urbanas.
Las familias expuestas a un programa basado en Reach Out and Read declararon leer juntas aproximadamente un día más por semana. Los niños del grupo de intervención obtuvieron además puntuaciones superiores en determinadas medidas de lenguaje receptivo y expresivo.
Estos primeros trabajos tenían limitaciones y no todos utilizaban el mismo diseño o las mismas medidas. Pero desde entonces se ha acumulado un cuerpo mucho más amplio de investigación sobre la promoción de la lectura desde la atención pediátrica.
Y esa evidencia ha terminado modificando la propia práctica médica.
Cuando leer se convierte en una cuestión pediátrica
En 2014, la American Academy of Pediatrics (AAP) publicó una declaración que consideraba la promoción de la alfabetización temprana un componente esencial de la atención pediátrica primaria.
Diez años después volvió a revisar toda la evidencia disponible.
En su actualización de 2024, la recomendación es especialmente clara: los pediatras deberían fomentar la lectura compartida desde el nacimiento y, al menos, hasta el comienzo de la escolarización, y favorecer que las familias tengan acceso a libros infantiles de calidad, apropiados para la edad, el idioma y el contexto cultural del niño.
La recomendación no se dirige únicamente a niños con dificultades de lenguaje ni a familias en situación de vulnerabilidad.
Se plantea como una estrategia preventiva beneficiosa para todas las familias.
¿Por qué?
Porque leer juntos es mucho más que enseñar palabras.
Cuando un adulto comparte un cuento con un niño pequeño, se produce una conversación peculiar: aparecen palabras que quizá no utilizamos habitualmente, el niño señala, el adulto responde, se hacen preguntas, se nombran emociones, se anticipa lo que ocurrirá después, se vuelve atrás.
El informe técnico publicado por la AAP en 2024 revisa la evidencia que relaciona la lectura compartida con el desarrollo del lenguaje, el desarrollo cognitivo y socioemocional, la preparación para la escuela y la calidad de las interacciones tempranas entre niños y adultos.
Por eso la recomendación actual no es simplemente:
«Lea cuentos a su hijo».
Es algo bastante más interesante: utilice los libros para conversar, relacionarse y compartir historias con él.
El médico como puerta de entrada
Hay algo especialmente inteligente en Reach Out and Read: el lugar desde el que actúa.
No espera a que la familia vaya a una biblioteca.
No espera a que el niño empiece el colegio.
Aprovecha un espacio por el que las familias ya pasan durante los primeros años de vida: la consulta pediátrica.
Las revisiones infantiles permiten además que el mensaje no se produzca una sola vez. El libro reaparece en distintas visitas y en diferentes momentos del desarrollo del niño.
Y el profesional sanitario no se limita necesariamente a recomendar la lectura. Puede observar al niño con el libro, mostrar a los padres cómo seguir su atención, hacer preguntas sobre las ilustraciones o convertir unas páginas en una conversación.
La propia Academia Americana de Pediatría insiste en esta distinción: la promoción de la lectura en atención primaria no debería reducirse a distribuir libros. El valor del modelo está también en las interacciones que se generan alrededor de ellos.
Quizá por eso la historia de Reach Out and Read resulta tan interesante.
Porque cambió una pregunta.
En lugar de preguntarse únicamente:
«¿Cómo conseguimos que las familias vayan hacia los libros?«
planteó otra posibilidad:
«¿Y si llevamos los libros a los lugares por los que las familias ya pasan?«
Como promotores del proyecto Mientras espero, leo, nos encantan estas historias, estos proyectos y estas ideas maravillosas que surgen en el mundo.
Hay algo especialmente bonito en todas estas experiencias para quienes creemos que los libros deberían aparecer en más lugares de la vida cotidiana.
Reach Out and Read empezó, en parte, con unos libros que alguien había dejado en una sala de espera.
Mientras espero, leo nace de esa misma convicción, aunque propone llevarla más allá del ámbito estrictamente sanitario.
Una clínica.
Una consulta dental.
Un centro de logopedia.
Cualquier lugar en el que un niño tenga que esperar puede convertirse en una pequeña oportunidad para encontrarse con un libro.
Iniciativas como Reach Out and Read, nos dejan una enseñanza que compartimos plenamente: los libros no tienen por qué vivir únicamente en casa, en el colegio o en la biblioteca.
También pueden aparecer en aquellos lugares por los que pasa la infancia.
Porque si queremos que los libros formen parte de la vida de los niños, quizá tengamos que empezar por algo mucho más sencillo:
hacer que estén presentes allí donde sucede su vida.
Referencias
American Academy of Pediatrics (2024). Literacy Promotion: An Essential Component of Primary Care Pediatric Practice: Policy Statement. Pediatrics, 154(6), e2024069090.
Klass, P., Mendelsohn, A. L., Hutton, J. S. et al. (2024). Literacy Promotion: An Essential Component of Primary Care Pediatric Practice: Technical Report. Pediatrics, 154(6), e2024069091.
High, P. C., LaGasse, L., Becker, S., Ahlgren, I. & Gardner, A. (2000). Literacy Promotion in Primary Care Pediatrics: Can We Make a Difference? Pediatrics, 105(4 Pt 2), 927–934.
Mendelsohn, A. L., Mogilner, L. N., Dreyer, B. P. et al. (2001). The Impact of a Clinic-Based Literacy Intervention on Language Development in Inner-City Preschool Children. Pediatrics, 107(1), 130–134.
Zuckerman, B. (2009). Promoting Early Literacy in Pediatric Practice: Twenty Years of Reach Out and Read. Pediatrics, 124(6), 1660–1665.
Klass, P. E. (2002). Pediatrics by the Book: Pediatricians and Literacy Promotion. Pediatrics, 110(5), 989–995.
Reach Out and Read (2025). FY25 Annual Report.

