La atención no es un talento con el que se nace: es una capacidad que se entrena. Y la lectura sigue siendo uno de los mejores ejercicios para fortalecerla desde la infancia
Vivimos rodeados de estímulos. Notificaciones, vídeos de pocos segundos, contenidos que cambian constantemente y una cantidad de información que nuestro cerebro nunca había tenido que procesar. En este contexto, no es extraño que una de las preocupaciones más frecuentes de familias y docentes sea la dificultad de muchos niños para mantener la atención durante un tiempo prolongado.
La pregunta es inevitable: ¿están perdiendo los niños la capacidad de concentrarse?
La respuesta, según numerosos investigadores, es más compleja de lo que parece.
La atención no se pierde. Se entrena.
Durante mucho tiempo hemos entendido la atención como una cualidad que unas personas tenían y otras no. Sin embargo, hoy sabemos que no funciona así. La atención es una capacidad cognitiva que se desarrolla y fortalece con la práctica. Cada actividad que realizamos «entrena» un tipo de atención diferente. No es lo mismo mantener el foco durante varios minutos leyendo una historia que acostumbrarse a recibir un nuevo estímulo cada pocos segundos.
La neurocientífica Maryanne Wolf, una de las mayores expertas mundiales en el cerebro lector, explica que la lectura profunda activa procesos que van mucho más allá de reconocer palabras. Leer implica detenerse, interpretar, anticipar, imaginar, relacionar ideas y construir significado. Es un proceso lento, exigente y extraordinariamente beneficioso para el desarrollo del cerebro. Precisamente por eso, la lectura se convierte en un entrenamiento privilegiado para la atención sostenida.
El cerebro también aprende a distraerse No solo entrenamos aquello que queremos mejorar. También entrenamos nuestros hábitos.
La profesora Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California, lleva más de veinte años estudiando cómo gestionamos nuestra atención. Sus investigaciones muestran que el cambio constante entre tareas y estímulos reduce nuestra capacidad para mantener el foco durante periodos prolongados. Nuestro cerebro se adapta a aquello que hacemos con frecuencia. Si saltamos continuamente de un contenido a otro, acabamos acostumbrándonos a esa dinámica.
Y eso tiene consecuencias.
Cada vez resulta más difícil permanecer durante un tiempo en una única actividad que exige esfuerzo y continuidad.
Leer es mucho más que pasar páginas. Cuando un niño lee un cuento, no solo está entreteniéndose.
Está construyendo imágenes mentales.
Está anticipando qué ocurrirá después.
Está comprendiendo emociones.
Está ejercitando la memoria.
Está relacionando ideas.
Todo ello requiere mantener la atención activa durante un periodo de tiempo.
Por eso numerosos estudios relacionan la lectura habitual con mejoras en comprensión, lenguaje, funciones ejecutivas y capacidad de concentración. Leer no desarrolla únicamente el gusto por los libros. Desarrolla una forma de pensar.
¿Y qué tiene que ver esto con una sala de espera?
Mucho más de lo que parece. La mayoría de las salas de espera se han convertido en espacios donde el objetivo principal es que el tiempo pase lo más rápido posible. Sin embargo, quizá podríamos plantearnos otra pregunta:
¿Y si ese tiempo pudiera aportar algo?
No se trata de eliminar otros recursos ni de demonizar las pantallas. Se trata de ofrecer una alternativa. Un libro no compite por la atención del niño: la acompaña; le propone detenerse, mirar una ilustración; seguir una historia; imaginar…pensar. Todo aquello que, precisamente, ayuda a desarrollar la atención que después necesitará en el colegio, en casa y, más adelante, en su vida adulta.
Una pequeña oportunidad cotidiana.
En Max&Jovi creemos que el hábito lector no se construye únicamente en casa o en el colegio. También puede nacer en los pequeños momentos cotidianos. Una sala de espera es uno de ellos. Por eso nació «Mientras espero, leo». No para llenar un tiempo vacío, sino para convertir unos minutos de espera en una oportunidad para descubrir una historia. Porque quizá la mejor manera de ayudar a un niño a concentrarse mañana sea ofrecerle hoy un lugar tranquilo donde abrir un libro.
Para saber más:
Maryanne Wolf (2018). Reader, Come Home: The Reading Brain in a Digital World.
Gloria Mark (2023). Attention Span: A Groundbreaking Way to Restore Balance, Happiness and Productivity.
American Academy of Pediatrics (2014). Literacy Promotion: An Essential Component of Primary Care Pediatric Practice.

